La unidad móvil quirúrgica de la Fundación Diego González Rivas es, hoy por hoy, única en el mundo. Concebida con la tecnología más avanzada disponible —incluyendo paneles solares que la hacen autosuficiente en los entornos más remotos—, representa en sí misma una hazaña de ingeniería al servicio de la medicina. Y sin embargo, la Fundación no deja de mejorarla.
Un equipo de tres profesores del Centro de Formación Profesional As Mercedes de Lugo —especialistas en electricidad, mecánica y electrónica— acaba de completar el diseño y construcción de una planta de energía redundante que añade una nueva capa de seguridad operativa a la unidad. El sistema duplica el suministro eléctrico: si uno de los circuitos requiere intervención, el segundo toma el relevo de forma automática e instantánea, sin que el equipo quirúrgico perciba interrupción alguna. Una robustez que, según los propios técnicos, supera los estándares de muchos hospitales convencionales.
La planta, además, ha sido diseñada con una vocación que va más allá de la propia unidad. Dotada de ruedas y completamente autónoma, puede conectarse a instalaciones hospitalarias locales para ofrecer suministro de emergencia a unidades neonatales, incubadoras o equipos críticos en caso de necesidad. Ingeniería pensada, en cada detalle, para proteger vidas.
Del terreno a la solución
Víctor Paz, Leticia Conde y Alberto Pereira conocen la unidad móvil como pocos. Viajaron por primera vez a Sierra Leona como voluntarios, se enfrentaron a condiciones extraordinariamente exigentes y demostraron una determinación que los llevó a convertirse en parte indispensable del equipo de la Fundación. Fueron ellos quienes, sobre el terreno y con la misión en juego, pusieron en marcha la unidad cuando todo parecía complicarse, logrando realizar todas las operaciones previstas con plenas garantías.
Fue precisamente esa experiencia directa y visceral la que sembró la semilla de este proyecto. Al regresar, los tres técnicos tenían claro qué querían construir y por qué. La nueva planta de energía redundante es el resultado de ese viaje: una solución nacida de quien conoce el terreno, diseñada para que cada misión siguiente sea más segura que la anterior.
«Estamos muy orgullosos de contar con tres profesores tan cualificados y tan comprometidos», señaló Carla Salgado, directora de la Fundación. «Su implicación va mucho más allá del mantenimiento: son parte activa de cada misión y trabajan sin descanso para que la unidad esté siempre a la altura de lo que exige el terreno. Son un auténtico lujo para nosotros y para las personas a las que servimos».
La Xunta de Galicia, presente en cada avance
El proyecto fue presentado en un acto institucional celebrado en el propio centro, con la asistencia de Eugenia Pérez, Directora General de Formación Profesional de la Xunta de Galicia; el delegado territorial Javier Arias Fouz; la jefa territorial de educación, Sagrario Nanche; y Joaquín Espósito, director del centro, que expresó el orgullo de toda la institución por el trabajo de su equipo docente.
Un encuentro que pone en valor la alianza entre la excelencia de la formación profesional gallega y la cooperación sanitaria internacional, y que refuerza el convenio de colaboración que la Fundación mantiene con la Xunta.
Rumbo a Liberia con la unidad móvil
Los tres técnicos parten este martes hacia Liberia, donde darán apoyo a la misión quirúrgica de la unidad móvil prevista para este mes de abril. La nueva planta de energía estará operativa para la siguiente misión, prevista en Sierra Leona a finales de agosto, y desde entonces formará parte permanente del despliegue de la unidad en África.
Porque la Fundación Diego González Rivas entiende la excelencia como un horizonte en movimiento: siempre hay una mejora posible, siempre hay una vida más que proteger. Imposible es nada.
